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Pyrenaica

mendia ikonoaEl Rincón
del Tachamontes

Hoy miro por la ventana a las montañas más próximas a mi hogar, mientras recuerdo cómo comenzó mi amor hacia ellas. Fueron mis padres quienes, con esos primeros paseos al parque natural de Valderejo, me hicieron descubrir la belleza que esconde cada rincón de nuestras montañas. Un bosque que estalla en colores en pleno otoño, el estruendo de la cascada que rompe sus aguas con el deshielo de la primavera, la ardilla que salta huidiza de árbol en árbol… cada salida era una aventura diferente a la anterior y en todas y cada una de ellas aprendía algo nuevo. Así fueron creando unos valores en mí, valores de compañerismo, amor y respeto hacia lo que nos rodea; aquellos con los que debemos cumplir para tener éxito, desde la salida más sencilla hasta las grandes escaladas, como la del Dorje Lakpa que abordamos en este número. Estos valores me llevaron años después a practicar con asiduidad el senderismo y otros tantos deportes relacionados con la montaña. Y decidí federarme y con ello, llegó la revista Pyrenaica a mi casa. Con ella, descubrí lugares que por aquel entonces ni me podía imaginar que existieran; me parecían dignos del escenario de la mejor película de fantasía que se pueda rodar. Lugares como el precioso valle de Xareta, a la sombra del monte Larhun, o el solitario y siempre mágico parque natural de los Collados del Asón. Cada tres meses, cuando sabía que se acercaba la fecha de publicación, al entrar en casa me acercaba ansioso al buzón en busca de la revista. Si no estaba, mi ánimo decaía… pero cuando llegaba, rápidamente la ojeaba entera para clasificar los artículos según mi interés y así poder coger ideas para nuevas salidas.

Son muchos los años que llevo recibiendo Pyrenaica, años en los que la he visto evolucionar acorde a los tiempos y ese es y debe ser nuestro reto principal en los próximos años: adaptar la revista a los nuevos tiempos y asegurar su existencia. Vivimos tiempos convulsos, todavía hoy recordamos que no hemos terminado de salir de una pandemia que nos obligó a “encerrarnos” en las montañas más cercanas, y sin librarnos de ella hemos entrado en un conflicto que afecta a la economía mundial, sin que pase desapercibido para nadie, ni siquiera para Pyrenaica.

Pero las montañas, nuestras queridas montañas, siempre estarán ahí esperándonos. Refugio de nuestra libertad, de nuestra paz interior, ellas son las que nos ayudan a olvidar y soñar. En este número podremos también soñar con lugares tan lejanos como las Montañas Rocosas, o sumergirnos en el mundo subterráneo de Larra. Os invito a sentaros en el sofá mientras tenéis esta revista en vuestras manos, olvidar todas las preocupaciones que atormentan vuestras cabezas, y viajar a las montañas que tanta paz nos dan con la lectura de cada uno de estos artículos.

Deseo, pues, que disfrutéis de este número tanto como yo lo he hecho siempre y que, en cada una de las salidas que hagáis fruto de su lectura, no olvidéis las palabras del conocido dicho popular: “Zaindu maite duzun hori”.

Ruiz Rotaeche "Rota", Ivan

Pyrenaica revista

Pyrenaica 287 (2022)

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