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Pyrenaica

mendia ikonoaEl Rincón
del Tachamontes

Durante un tiempo, algunos montañeros entre los que me incluyo, fuimos lo suficientemente ingenuos como para pensar que el deporte que practicábamos era más noble o ético que otros deportes. O que su marginalidad garantizaba, hasta cierto punto, la pureza de sus valores y un cierto altruismo asociado a una finalidad que, a la postre, se reducía a ascender montañas por el mero placer de hacerlo, por la alegría y la satisfacción que se experimentaban tras hollar la cima. Aquellos tiempos pasaron. Los acontecimientos sucedidos a lo largo de este pasado verano en el K2 y entre los que destacan la muerte en vivo y en directo del porteador baltí Muhammad Hassan, su masificación y la proliferación de turistas de montaña y agencias nepalíes ávidas de éxitos y clientes, nos demuestran que el alpinismo o esta versión del mismo, apenas se diferencia del resto de deportes. Es lo que toca cuando se vive inmerso en un sistema en el que sólo se valoran la eficiencia, la productividad y la rentabilidad económica; en el que la gratuidad y el desinterés son despreciados.

Sin embargo, sigo pensando que otro modelo es posible, un modelo que tal vez algunos tachen de conservador pero que creo que produce muchas más satisfacciones y alegrías personales que el que nos venden los titulares de prensa y las agencias de noticias. Un modelo alejado de los récords, la velocidad, la mercantilización y tasación de las cumbres, los fortísimos desembolsos económicos o las reglas de la oferta y la demanda. Uno presidido por la sostenibilidad, la cercanía, el respeto, la falta de ambiciones, el disfrute y, por qué no, la lentitud. Al fin y al cabo, así fue como los pioneros del alpinismo y nuestros propios padres se iniciaron en la montaña alcanzando grandes dosis de felicidad. ¿Para qué queremos más?

No sé si las palabras anteriores conseguirán convencer a nadie o hacer que algunos recapaciten sobre la deriva a la que estamos asistiendo y la conveniencia de rectificar y escapar del estrecho marco en el que algunos quieren encerrar este deporte. Si no es así, espero que la lectura de los artículos de esta nueva edición de Pyrenaica sirva de inspiración y acicate para recorrer los senderos por los que transitaron nuestros antepasados. Unos senderos no sujetos a compraventa que seguirán dándonos momentos inolvidables.

Jauregui Ezquibela, Iñigo

Pyrenaica revista

Pyrenaica 293 (2023)

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